Meditación Vipassana desde mi experiencia

¿Qué pasaría si estuvieras en silencio, sin móvil, libros, ni pantallas durante diez días?

Desde hace un par de años, me gusta preguntarme si sería capaz de superar miedos en forma de “¿qué pasaría sí?” porque consciente o inconscientemente llamas a situaciones que te pondrán en esa tesitura, les llamas para que vengan, para demostrarte que, en realidad, no pasaría nada, que serías capaz de hacerlo perfectamente. Y así, el miedo se hace menos miedo.

Si echo la vista un par de años atrás, tras tomar la decisión de irme de viaje, y en ese comienzo profundo de búsqueda insaciable de conocimiento, del encuentro de todos los porqués y darse cuentas, la palabra Vipassana llegó a mi ordenador seguida de una sensación de vértigo y vacío existencial al leer de qué iba: Entrar y estar dentro de ti, pararte a ver qué hay, el dolor, el malestar, etc, era una de las cosas que más miedo me daban, por miedo a lo que me fuera a encontrar…a día de hoy, estar ahí, a gusto conmigo, es el mejor regalo.

Al final, el maestro no llega hasta que el alumno está preparado.

Los mayores miedos, esos que te generan todo tipo de sensaciones en el cuerpo, solo te están indicando el camino a seguir. Que por mucho que te cueste, si estás destinado a “volar”, te dará miedo volar, pero eso es lo que debes hacer.

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Este post trata de transmitir qué es la meditación Vipassana desde un punto de vista práctico, y desde la experiencia mostrar el lado más amable de esta técnica y de su método de enseñanza.

Pero antes de la experiencia…

¿Qué es la meditación Vipassana?

Vipassana significa literal ver las cosas tal y cómo son. Es una de las técnicas de meditación con más antigüedad de la India, y se enseñaba hace un par de miles de años como “cura universal” para los “problemas universales”, es decir, para los “problemas” que unen a toda la humanidad, el entendimiento de cómo funciona nuestra mente para dejar de sufrir.

Es decir, lo enseñaban como un arte, el arte de vivir la vida con plenitud y dicha.

¿De qué se trata la meditación Vipassana?

La meditación vipassana es otra técnica de meditación, que entre otras muchas, se basa en la observación de la mente y la materia. Es un método de autoobservación y meditación budista.

Se comienza observando la respiración natural para concentrar la mente, de lo más amplio a lo más sutil, y luego, con la concienci agudizada, se procede a observar la naturaleza cambiante del cuerpo y mente, es decir pasanado a observar las sensaciones corporales experimentando las verdad de la impermanencia en todo su esplendor, el «eliminar» el sufrimiento y la ausencia de ego.

En la meditación vipassana, como en otras prácticas espirituales, es importante seguir un buen comportamiento moral para poder llevar a cabo la meditación de manera satisfactoria.

¿Cuál es su objetivo principal?

La meditación vipassana se enseña y transmite como una técnica de purificación de la mente y en cierta manera del alma, ya que se profundiza en el concepto de mantenerse ecuánimes independientemente de la sensaciones corporales que se sientan u observen, es decir evitar el rechazar lo desagradable y desear lo agradable, porque ahí, para ellos está la base y clave del sufrimiento, en el Apego a esas sensaciones.

¿Cuáles son sus beneficios?

Enumerando literalmente se habla de

  • La purificación
  • Superar el arrepentimiento y las preocupaciones
  • Superar los lamentos
  • El cese del sufrimiento físico
  • El cese del sufrimiento mental
  • Alcanzar la iluminación
  • Estar seguro de haber alcanzado el estado conocido como nirvana.

Pero más allá de lo espiritual, el mayor beneficio, es que es una técnica, herramienta y/o camino para poder conocer en profundidad a tu ego y así, ver qué estrategias utiliza, qué heridas toca, qué rebusca para llevarte al dolor y malestar continuamente, pudiendo así poder entender mejor cómo funcionas en tu día a día, y aprender a discernir lo «real» de lo creado por tus interpretaciones y percepciones (de tu ego).

Lo que más enseña la meditación vipassana es a ser consciente de la impermanencia de la vida, para poco a poco, aprender a desapegarse de lo que te va sucediendo en el día a día que no está bajo tu control.

Has llegado hasta aquí y quieres aprender a observar tus patrones, ¿Cómo se enseña?

La técnica de Meditación Vipassana se enseña en cursos residenciales de diez días en los cuales los participantes aprenden los fundamentos del método y practican lo suficiente para experimentar sus resultados beneficiosos.

No se cobra por los cursos, ni siquiera para cubrir los gastos de comida y de alojamiento. Todos los gastos son sufragados por donaciones de personas que, habiendo completado un curso, han experimentado los beneficios de la meditación Vipassana y desean también darles a otros la oportunidad de beneficiarse de esta técnica.

Se enseña de manera progresiva, primero enfocando en la respiración, permitiendo el movimiento hasta el 4º o 5º día, que empieza como tal la técnica Vipassana, en la que de las horas que permaneces sentad@, tres de ellas no puedes moverte en absoluto, y ahí, empieza la fiesta.

Hay organizaciones y centros alojados por todo el mundo, siendo, lógicamente en Asia su predominio, pero en España también hay dos centros oficiales, en Barcelona y en Ávila.

¿Quieres experimentarte en un retiro de meditación Vipassana? ¿Cómo te apuntas?

En la página oficial de dhamma.org, se encuentra toda la información con las listas disponibles y las listas de espera para realizar tu curso de diez días. Si nunca has realizado ninguno es imprescindible pasar por uno de ellos para realizar las diferentes modalidades que también ofrecen, pero si ya has cursado alguno, tienes diferentes opciones de cursos y/o auto-cursos, de diferente duración e incluso para ir a servir, ya que, el sistema de dhamma, funciona en exclusiva a base de voluntarios y donaciones.

¿Cómo es la rutina de un día de Vipassana?

Desde que entras el primer día después de comer, y tras la primera meditación de la noche a las 20h, ya NO puedes articular palabra y casi ni mirada con tus compañeras de habitación.

Desde ahí y como cada día, el Gong suena a las 4am, media hora para acicalarte y la primera meditación empieza en la sala grande a las 4.30am.

Tras un par de horas sentada, tranquila aquí te permiten moverte y levantarte, incluso salir de la sala a estirar si lo deseas, llega el desayuno a las 6.30am.

Te dejan hasta las 8am un momento de descanso, que no nos vamos a engañar, lo utilizas para dormir, y a partir de ahí de nuevo a sentarse a la sala. De 8am a 9am llega el momento en el que no puedes moverte (al menos a partir del 5º día.

Los descansos son de 30 minutos así que, a las 9.30 vuelves de nuevo a la sala hasta las 11.30am que sales y te vas a comer. ¿A las 11:30? SI. Si eres estudiante antiguo, es decir ya has hecho más retiros, entras en ayuno desde que se acaba la comida a eso de las 12pm hasta las 6.30 am del día siguiente.

Si es tu primera vez, a las 6pm tienes una pieza de fruta, y el resto solo líquidos. A primera vista parece una aberración, pero tranquil@, el hambre en parte también es un estado mental, así que observarás que puedes estar 10 días con ayunos de 20 horas seguidos sin problemas.

Desde la comida, vuelve a haber un período de descanso hasta las 2pm que te adentras de nuevo en la sala y desde ahí, intercalando algunos descansos de 30 minutos, hasta la merienda a las 6pm estás sentad@ meditando. Llega la merienda y a partir de ahí de 7.30pm a 9pm la última tanda meditativa del día, hasta el siguiente a las 4.

¿Interesante?

Visto así parece un tostón, y cuando van pasando los días, aunque tu hayas decidido estar ahí, a veces pesa, son muchas horas contigo mism@, aunque lo bueno es que estás rodeado de naturaleza y eso siempre conecta con lo más puro de ti.

En realidad, es un tiempo de descanso para tu alma y reconexión con tu propósito de Ser. Así que, si te animas a experimentarlo, tómatelo así.

Y aunque es duro, ya que de las 17 horas que estás en pie, 11 de ellas estás sentad@ meditando, lo volvería, y volveré a hacer.

¿Qué has de saber antes de entrar? Cosas que me hubiera gustado saber.

En realidad, yo ya sabía muy bien a lo que iba, sabía que no podía salir de allí en diez días, y ellos te lo recalcan, es extremadamente importante que estés segur@ de que quieres estar allí, no por que corras ningún tipo de peligro si te vas, ni mucho menos, si no porque, al final si lo piensas, TU has decidido estar allí, así que poder observar el cómo tu mente quiere huir (que querrá) es realmente interesante para conocerte aun más en aspectos de cómo afrontas las situaciones incómodas. Si persistes o te vas.

Pero, es importante que sepas que:

  • No puedes hablar desde que empieza la primera meditación hasta después de desayunar en el penúltimo día.
  • Los centros no son exclusivos, pero sí que los hombres están separados de las mujeres en habitaciones completamente separadas y zonas comunes divididas. Lo único que se comparte es la gran sala de meditación, hombres a un lado, mujeres a otro. No por sexismo ni mucho menos, si no por tradición y porque, según ellos, la no diferenciación de sexos implica distracciones mentales.
  • Si eres nuevo alumno, haces un medio ayuno (la cena es un par de piezas de fruta y un té, infusión, leche o caldo)
  • No hay contraindicaciones o limitaciones, es para todas las edades y estados, incluido el embarazo, ya que, te cuidan muy mucho. (hay menos restricciones de movilidad y alimento, al igual que si tienes alguna patología tipo diabetes, intolerancias, etc) Lo único que NO recomiendan es si estás siguiendo alguna medicación exclusiva para algún trastorno mental agudo, véase esquizofrenias por ejemplo o trastornos de la personalidad límite, etc. por el contrario, cualquier edad y condición son aptas para la meditación. (Incluidas la tercera edad)
  • No puedes ni leer, ni escribir, ni escuchar, ni comunicarte con el exterior. Es decir, no puedes tener ni libretas, ni libros, ni música, ni obviamente móvil y/u ordenador. Visto así parece un secuestro, pero créeme, el silencio absoluto es más que necesario, y en la meditación del último día, cuando ya puedes hablar, entenderás por qué.
  • Hay dos guías expertos en meditación Vipassana, habitualmente también son indios, de habla hispana e inglesa, que, te van ayudando en las dudas que puedan surgir al respecto de la técnica y/o de lo que va aconteciendo en tu interior. Así que, tranquil@ NO estás sol@.

Los indios son estrictos con las normas y muy disciplinados, para ellos es importante que se cumplan con todos los preceptos que el primer día, más los que hay aquí expuestos, comparten contigo.

Conclusiones y consejos sobre la meditación vipassana

Bajo mi punto de vista y experiencia, lo más importante es, sobre todo, que lo cojas con ganas y que vayas con la mente y el corazón abiertos a curiosear en el océano que es tu interior, y ante todo que te permitas sentir y acojas en todos tus estados emocionales por los que pasarás a lo largo de los días.

Y tras la experiencia ver cómo cambia tu percepción hacia lo externo, eso es lo realmente interesante. Ver cómo con perspectiva se ve todo de manera distinta, o al menos, se empieza a verlo así.

Relato mi experiencia personal durante la meditación vipassana

Así que, ¿serías feliz en 10 días de absoluto silencio? -me pregunto uno de los días-.

A veces sí, a veces no. Como en general. Para mí el concepto de felicidad, ya se ha ido convirtiendo, con el paso del tiempo, en algo pasajero. También es impermanente pues. Lo que me acerque a la libertad y a la paz conmigo misma y al dejarme ser, se acerca más al concepto de “felicidad” que pueda tener, pero ¿e incluso eso es permanente? También lo dudo.

Durante los diez días de silencio y en consecuencia soledad, pasé por todos los estados emocionales. Al principio fue la rabia, mucha, mucha, luego llegó la paciencia, el amor y la aceptación. También me venía a visitar el miedo, el nerviosismo y desconfianza. La desconfianza de mi propio amor, la impaciencia por salir, ¿sería diferente si no “me esperara nadie”? -me preguntaba-. Venían el dolor y la tristeza, dejándolas brotar, y la risa floja de la desesperación por el hecho de estar cansada y no querer estar ahí.

“No tienes por qué aceptar todo, aunque lo hayas elegido puedes cambiar de opinión, ¿sabes?” -me decía a veces-.

Aun así, aunque mi mente, sobre todo los primeros días, quería irse de allí, y no hacía más que buscarse excusas, para evitar entrar más adentro, me quedé, permanecí, profundicé. Y me doy las gracias por ello.

A lo largo del día había muchos momentos de calma, paz, contacto con la naturaleza y tranquilidad. Y con el paso de los días, me permitía el aburrimiento, el estar por estar, observar por observar, las hormigas, su mecanismo, el cielo, las nubes…

Mi mente creaba historias, y yo jugaba con ella observando qué me contaba, luego la realidad me demostraba cómo esas historias eran mentira, ya que al final, acababa pasando otra cosa. ¡Mira, como en tu día a día! -pensaba-.

Mucha, mucha observación de cómo funciona mi mente, qué patrones la dirigen y qué estrategias tiene para llevarme al sufrimiento. Ella sabe qué heridas tocar que generan una emoción tan vívida que parece que esté pasando eso en este momento.

Observar la emoción que genera el pensamiento y qué sensación genera en tu cuerpo.

Ahí se encuentra el verdadero trabajo para dejar de reaccionar impulsivamente por ellas y llenarte de negatividad, o al menos, hacerlo menos veces. Desarrollar la ecuanimidad, para responder en vez de reaccionar. Dejar de rechazar el dolor y desear el placer.

Nuestra fisiología funciona así, así que ponerlo día a día en práctica, con atención, es la heroicidad. Y eso, a veces, no es fácil.

Prestar atención a que lo único que importa es el lugar donde estás, en el momento que te encuentras, porque el resto…solo es tu mente.

Si todo viene y se va de la misma manera, ¿para qué aferrarse entonces?

Observo mi cuerpo. Mi respiración. Mierda está bloqueada de nuevo. Cierro los ojos y observo qué siento en mi cuero cabelludo, quizá algún picor, algún cosquilleo, voy bajando hacía mi cuello, sintiendo algún pinchazo de dolor. Paso a mi cara y mi mandíbula está tensa. Lo noto y aflojo…haaaa…relax. Siento entonces, como de mi garganta un cosquilleo baja como un manto de luz hacia mi pecho y relaja mi abdomen. Voy a mi nuca y poniendo atención a mis hombros, por la posición, siento mucho dolor, casi agotador, mucha tensión, mucho peso, demasiado.

Cuánto pasado cargo – pienso-.

Desde mis brazos hasta mis manos observo sensaciones muy sutiles, un cosquilleo agradable, casi vibratorio. Mis caderas están demasiado en tensión y en mis ingles siento un pinchazo intenso, agudo y punzante, que recorre hasta mis rodillas con una presión muy robusta.

Me quedo en mis ingles y observo, cómo profundizando en ese dolor, atendiendo ese dolor, puedo dividir las sensaciones, desde más superficiales e intensas a más sutiles si profundizo, y entonces, la intensidad disminuye. El dolor disminuye. Cuando te dejas envolver por él, disminuye, se transforma.

Acabo en mis pies y de ahí vuelvo a subir hacia mi cabeza, a ver qué pasa ahora ahí. Han pasado 5 minutos y al ir en dirección contraria, atendiendo las mismas zonas de mi cuerpo, me doy cuenta de que nada es lo mismo. En mis pies, ahora, siento adormecimiento, pero en las ingles el dolor ha disminuido. Ahora solo siento un cosquilleo.

Por el hecho de no moverme y mantener la misma posición con exactitud, ahora, parece que no tenga ni manos ni brazos, han desaparecido, los siento muy lejanos de la percepción que tengo de mi cuerpo en el espacio que me rodea. Pero sé que están ahí.

¡Qué loco! -pienso-. Y entiendo el Yo no soy mi cuerpo. Percibo que solo Soy conciencia.

En mis hombros sigue el dolor, me paro, observo, profundizo y hay mucho más dolor. ¿Qué pasa aquí? Mi cuerpo tiembla, ¿quizá no pueda soportar tanto dolor?, al mantener el foco de atención en esa zona, en ese dolor, ahora, sutilmente, siento que dejo de temblar y el dolor va convirtiéndose en adormecimiento. Una sensación de calor me recorre el cuerpo y empiezo a sudar. Las gotas caen desde mis axilas hacia abajo y siento ese cosquilleo casi agradable por mi tronco.

Me pierdo en mi película, ¿qué me está contando mi mente ahora?, quizá un recuerdo llega a mí, y ¡wow! la tristeza me invade, observo cómo sube desde mi estómago hacia mi pecho un bandazo de energía que acaba en mi garganta y hace explotar mis ojos, no puedo parar de llorar. Me quedo ahí, sin reprimirlo, permitiéndomelo, sintiendo esa tristeza, sintiendo la sensación que me ha provocado ese pensamiento, solo sintiendo, observando y liberando dolor.

Casi no aguanto ni una vez focalizándome en la respiración o en la misma zona de atención, y a la primera tos de la persona que tengo a mi lado, la ira me arrebata convirtiéndose en tensión y acelerando mi fuego interno.

¡Cállate! me gustaría decirle (me). Siento una mezcla de nerviosismo por la incertidumbre e impaciencia por salir de ahí. Pero ahora, estás aquí, en tu cuerpo y con tu ira. Sintiéndola toda. Cómo sube, cómo baja, cómo desaparece…

Un sonido del gong, hace que vuelva a la realidad del momento y a la posición y abriendo los ojos me digo, estás aquí para experimentar realmente lo que escribes, vives y transmitirlo.

GRACIAS por llegar hasta aquí

¿Te apetece experimentarte? Meditamos junt@s aquí

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