Meditación profunda y autoconocimiento

En este artículo sobre meditación profunda y autoconocimiento, se pretende dar otra visión al respecto de lo que es la meditación, implicaciones y creencias, desde la propia experiencia. Sobre todo, para evitar caer en el dogma de lo que debería ser o lo que es, liberándonos así de esas creencias y excusas del ego para no meditar.

Deseo que utilices lo que necesites y te sirva de lo que leas, y el resto, si no es así, lo deseches. Sin mayor pretensión que la de mostrar el cómo enfocar la meditación desde otro lado, un lado más amoroso y menos autoexigente, para que el ponernos a practicar sea fácil, sencillo y gustoso.

¿Por qué meditación y autoconocimiento?

A palabras de Pablo D’ors, meditar es sencillo, lo difícil es querer hacerlo.

¿Y por qué? porque demasiadas veces nos asusta conocer lo que hay en nuestro interior, estar contigo mismo y en silencio, a veces, es duro, porque observas y te das cuenta de ciertas cosas de ti mismo que no te gustan, te ves frente a un espejo con los ojos cerrados, y…¿qué te dices en él?

Antes de seguir, considero que lo más importante sea en la práctica que sea es atender un punto clave: Nuestro diálogo interior. El cómo te hablas durante el proceso, y poder acompañarte con compasión, como a la niña o al niño indefenso que, en realidad eres frente a ti mismo, lo va a cambiar todo.

Y de ahí, que la experiencia meditativa sirva para conocer tu interior.

Creencias respecto a la meditación. ¿Qué no es meditar?

Hay mucha confusión y controversia con lo que es meditar, parece la moda del nuevo siglo pero seguimos sin entenderla en profundidad, como se merece.

Suele haber un estigma con la meditación, y es que lo confundimos con varios conceptos o situaciones, incluso queremos hacer de la meditación una experiencia mental, y no sucede así. A la meditación se entra siendo, no se hace.

Se suele confundir también con la religión, creemos que nos convertiremos en monjes budistas si meditamos. Nada más lejos de la realidad, ni es el objetivo al meditar. Tampoco es rezar u orar o cantar mantras, esto solo es rezar, orar y/o cantar mantras.

¿Dejar la mente en blanco? ¿Cómo es eso? No es eliminar los pensamientos, no es dejar de pensar, ni dejarla en blanco. Esta creencia lleva a la frustración, porque al pensar así, nos sentamos con ese objetivo y al minuto uno percibimos que eso no sucede que no es tan fácil como hemos leído o escuchado y empieza esa frustración, la exigencia y los “deberías”.

Así, tras esa experiencia, surge la asociación negativa que tenemos al respecto de la meditación, por una creencia errónea o limitante.

Observa aquí: ¿cómo vamos a dejar de pensar si la mente es un “órgano” o espacio diseñado para pensar? Podremos disminuir los pensamientos, pero no poniendo el foco en hacerlo si no poniendo el foco en habitar nuestro cuerpo.

Vale, entonces ¿qué es meditar?

Como definición espiritual, es el ejercicio del silencio, proviene del latín meditatium que significa estar en el medio, es decir, permanecer en el centro. En el momento, en línea contigo.

Pero en realidad, a la práctica, es lo que tú quieras que sea que vaya acorde a esto.

La meditación tiene el significado que tú le quieras dar, porque cada experiencia personal es única e intransferible, y además, es realizable en cualquier actividad. Si quieres que sea tu práctica espiritual lo será hasta el punto que tú quieras que sea. No vas a ser más o menos iluminado por meditar más o menos veces, horas al día.

Hay muchos tipos de meditación y cada una/o tiene que encontrarse en la que se sienta más en línea consigo misma/o y su momento. Hay veces que necesitas o te sientes más cómoda/o en una técnica u otra.

Puede ser una técnica de relajación, una de concentración, puede ser una técnica de contemplación, o de observación, puede que sea un momento para bajar al cuerpo, puede ser un volcado de palabrería en un papel, o puede ser realizar cualquier actividad que te conecte.

¿Con qué? Con el momento presente. Si algo tienen en común todas estas definiciones, bajo mi experiencia, es que te traen al momento presente, te sacan de vivir en el pensamiento, de vivir en la mente, de pensar la vida y pasas a empezar a experimentarla, sea cual sea ese momento presente. Estás ahí, experimentándolo. Todas conectan tu cuerpo con la consciencia y con tu alma. Al final todo está bien, si te lleva a estar en paz contigo.

Beneficios de una meditación regular

Una imagen vale más que mil palabras y aquí ya van muchas.

meditación profunda y autoconocimiento

¿Qué excusas te dice tu mente para no meditar y cómo solventarlo?

  1. No tengo tiempo
  2. No sé hacerlo
  3. Miedo a estar con mis pensamientos
  4. No lo hago bien
  5. Mi mente es demasiado dispersa
  6. No tengo suficiente disciplina para hacerlo

¿Te reconoces en alguna de ellas?

Lo bonito e importante, es empezar, ya que el primer paso de meditación, es observar las justificaciones del ego que te impiden sentarte. Ya la observación, se da antes de empezar a meditar.

Empezar de lo pequeño a lo grande, ¿qué cantidad de tiempo puedes asumir cada día para convertirlo en una rutina? Aunque sea mínima. Tu ego siempre va a decir, “para esto no hago nada”, pero piensa que, si no puedes hacer algo 5 min al día, ¿cómo crees que vas a poder con 30 min en una vez?

Para instaurar un hábito hay que marcarse objetivos realizables, alcanzables y medibles. Y si es algo que te ofrece resistencia, revisa el por qué.

Lo que sucede sentada/o, sucede fuera, ¿por qué me cuesta tanto meditar? porque sigo exigiéndome demasiado al hacerlo.

Lo importante es entender cómo funciona la mente, que es un ente pensante y como tal, ha de pensar, surgen pensamientos y podemos dispersarnos, no pasa nada, lo interesante y transformador de la meditación, y el cambio, llega cuando puedes acompañarte de nuevo, en esos pensamientos, hacia tu respiración o hacia el punto de atención en el que estés enfocada/o.

No hay una meditación igual que la otra y no debes esperar nada de ella. Para que la meditación pueda ser agradable, de antemano, vamos a convertirlo en un ritual, simplemente tómatelo como un acto de amor por ti. Te estás permitiendo escucharte. Sea lo que sea lo que te tienes que decir.

Pero, ¿por qué se nos hace bola el meditar?

Porque nos horroriza el silencio, y no es por otra cuestión que la de evitar la escucha, aunque paradójicamente la busquemos, al ego no le gusta que le digan lo que tiene que hacer, en este caso mantener la atención, o tomar presencia del cuerpo. A él le gusta estar en la mente, divagando y contando historias, está cómodo ahí haciéndonos creer que es ahí arriba donde sucede la vida, pero no, en realidad, es abajo, en el cuerpo donde ocurre y surge la presencia, en la conexión de nuestro interior con el exterior.

Pero en realidad ¿Cómo empieza esa escucha? ¿Esa puesta en acción de la intuición? Siempre se integra de la misma manera, haciendo, experimentándolo, en este caso, sentándose.

¿Qué pasa entonces? ¿Por qué no nos gusta escuchar? Porque la mayoría de veces, venimos a decirnos algo que ya sabemos que queremos y no tenemos y/o, sobre todo, porque llegan los fantasmas, y ante la falta de atención o de concentración, llega la violencia verbal, el mal trato, así que, prestar atención a nuestro, inicial, diálogo interior, o lo que es lo mismo, a la auto-exigencia que nos lleva a las emociones densas de rabia, tristeza y  frustración. Y no queremos sentir nada de eso.

Pero, ¿qué sucede cuando empiezas a hablarte bien, compasiva/o y con amor? Ahí pasa que todo pasa, todo cambia. La compasión te lleva a la paz, la compasión te saca del hacer, del fin, del objetivo, te saca de la exigencia, te saca de la mente. La compasión es tu máxima expresión de amor, por ti (y por el otro), pero sobre todo por ti, y en este momento meditativo, se trata de ti.

¿Finalmente para qué meditamos?

Para hablar con nosotros mismos. Al final, la meditación no es otra cosa que esa conversación con Dios (con tu Dios interno, conocido como universo, la fuente o la misma vida) y/o contigo misma/o, y esa conversación puede ser lo más o menos especial y amable que tú quieras. Tu mente no es otra cosa que una extensión, una mínima parte de la galaxia conocida como vía láctea, ¿qué fuerte verdad?

Así que, cuando estás ahí, en la doble s, del silencio y soledad, no le puedes mentir, ni a la vida, ni a tí, porque eres tú misma/o, hablando contigo. En ciertas ocasiones, se hace doloroso el hecho de descubrir que te llevas mintiendo demasiado tiempo, pero cuando te liberas de esa propia mentira interna, llega la verdadera libertad, en tu interior, en dejar de mentirte, en dejar de empujarte. Ahí radica, en el grado de honestidad que tengas contigo misma/o. Así que en realidad, el miedo a descubrir eso que hay dentro, trasciende cuando tomas consciencia de que todo lo que te tienes que decir durante la meditación, ya lo sabes, ya te lo dices diariamente, lo que cambia es el grado de atención a eso que te dices, y el grado de profundidad en tu inconsciente de eso que llevas dentro.

Concluyendo

Lo que sucede es que rutinariamente lo vas tapando con diferentes quehaceres, porque llegan los fantasmas, pero por más que lo tapes, no desaparece, solo se hace más grande. ¿Y si le das la vuelta a tu fantasma? Y si ese fantasma lo conviertes en gigante?

Al fantasma de la soledad, del ridículo, del rechazo, del abandono…pero ¿sabes lo mejor?! Que esos fantasmas tienen un origen: los pensamientos y unos patrones de comportamiento aprendidos y, al igual que los has aprendido, los puedes desaprender.

¿Cómo aprendemos? Por repetición. ¿Cómo desaprendemos? de la misma manera.

En la meditación, residen esas conversaciones REALES y honestas con nosotra/os misma/os, y es entonces, cuando empiezas a atender lo que sucede, que encuentras la herramienta para conocerte cada vez más profundo y aprender a desaprender.

Texto escrito por Patricia Pérez

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